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el mundo de Santiago Ward

Amor

 
Y escaparán mariposas
de tu risa
y el cielo será
uno solo
y seremos nosotros
una sola cosa
perdiéndonos ágiles
entre las sombras
libres de culpa
sedientos
de asombro.
 
 
 
E.S.W.

La Filosofía de Macedonio Fernández

Cuando se habla de "Filosofía Argentina" yo siempre suelo desconfiar un poco. Y nada más que por pensar que la desconfianza puede resultar un método excelente. Los argentinos, que sabemos ser bastante exagerados, solemos llamar filosofía a cualquier cosa. Es por esto que corrientemente oímos hablar de filosofía, tanto que de ella podemos decir lo que Galileo en el drama de Bertolt Brecht: se habla de filosofía hasta en los mercados. Suele colocársela en los contextos más disparatados, y esto no nos ayuda a entender. Reina, de acuerdo con Bueno, una concepción genitiva de la filosofía. El genitivo es uno de los casos procedentes del latín que cubre en nuestro lenguaje las relaciones de posesión entre dos términos cualesquiera. Entonces se habla de una "filosofía de vida" o de una "Filosofía de la calle"; de la "filosofía de los mercados", la filosofía "de los sistemas de gobierno", "de las empresas multinacionales", etc. pero que todo el mundo la pronuncie y hasta diga ejercitarla no nos garantiza ni aclara nada.
    Otro día tendré que escribir sobre cuánto de mitológico hay en esta sencilla expresión, "filosofía argentina". Su análisis riguroso tendrá por efecto dejar al árbol sin unas cuantas ramas. Tal vez sólo queden algunos pocos nombres ilustres: Alejandro Korn, Arturo Roig, Carlos Astrada... notables hombres que, entre tantos otros inmensos intelectuales, sí fueron filósofos, lo que es un modo muy específico de ser intelectual. Ahora me detengo en uno del que posiblemente no se piense inmediatamente a la hora de realizar la nómina de los filósofos argentinos, Macedonio Fernández, pero de quien será siempre justo evaluar si su labor fue únicamente literaria. Lo cual, desde ya, no hubiera sido poco.
    Macedonio ha sido, sin perjuicio de sus grandes dotes de poeta y escritor, uno de los pensadores más originales que ha habido en nuestro país. Ser original no implica romper amarras con la tradición ni con el pasado; es ésta una fácil necedad en la que siempre estamos más o menos propensos a caer. En filosofía no hay adanes. Pero la originalidad puede ser una resultante de la digestión o de la madurez intelectual respecto de los legados del pasado. Macedonio es un ejemplo. Literariamente inclusive; en su obra se pueden adivinar elementos que se adelantan al Realismo Mágico de García Márquez, y muchos momentos de Cortázar.
    Su influencia, no obstante, ha sido póstuma, porque no ha escrito mucho y menos aún había publicado. De sus escritos con importancia filosófica, dispersa ésta entre sus precarios papeles y cartas (a William James, sobre todo), interesa No toda es vigilia la de los ojos abiertos, compendio de escritos que van desde 1924 hasta 1944 y que, contrariando la naturaleza huidiza de su autor, posee algún dejo de "sistema".
 
Macedonio hace decididamente Metafísica, la que entiende como Crítica del conocimiento, y Mística, la que entiende como Crítica del ser. Ambas estarán íntimamente ligadas, porque Macedonio acepta que la cuestión del conocer nos remite inevitablemente a la del ser, y viceversa. Sus influencias son, positiva y negativamente, Schopenhauer, Hobbes (del que tiene una primera noticia en sus estudios de Derecho) y Husserl. También, de un modo indirecto, Kant. Del ser nos dice Macedonio que es todo lo que es, porque "todo lo que es, es algo". El mundo y el ser quedan entonces identificados. Pero Macedonio niega que la Realidad exista de un modo trascendental; ésta no es lo que verdaderamente existe en y por sí, ya que se postula una realidad independiente del propio sentir lo real. Esto lo acerca a Berkeley. Copio:
     Ella (la Realidad) pretende dos categorías: ordenación causal entre sus fenómenos, lo que es empíricamente verificable o invalidable (sin compromiso inductivo, es decir, sólo en cuanto al Pasado), y sustancialidad, es decir, autonomía respecto a la eventualidad de ser o no sentida, es decir, autoexistencia frente a la Sensibilidad.
    Tal es la condición de cosas que ha creado, no seguramente la Realidad, sino los pensadores o la Especulación, que se han inclinado a una trascendencia de la externidad y que prosiguiendo en esta busca de esencias han llegado al noumeno como sustancia de la Materia y de la Sensibilidad, con lo que la Realidad y la Sensibilidad se han tornado fantásmicas, limitadas la categoría de Ensueño Primero; los ensueños serían el Ensueño Segundo.
    Sea, pues, la Realidad lo cuestionado, no el Ensueño, que es la sencilla verdad de sí mismo. 
    La Realidad es, entonces, para Macedonio nada más que una "teoría". Pero no se piense que el pensamiento de Macedonio es "el mismo" que el del Obispo Berkeley. Berkeley, por salvar la existencia de Dios negó la existencia del mundo, y para afirmar la inexistencia del mundo apeló a la existencia de Dios. Macedonio cuestiona este circularismo, diciendo que de cualquier modo Berkeley concluye banalmente en sustancias y en dioses y en deberes, con gran decepción nuestra, refiriéndose también a Kant, y que para ambos existía en última instancia lo trascendental, sea Dios, la "cosa en sí" o bien ambos. Macedonio es aún más extremo: niega toda trascendentalidad, da el paso decisivo. No hay nada trascendente
   El mundo, todo lo que es, es lo mismo que su percepción. No se trata de que sean dos momentos distintos que se funden en uno; no son dos términos, sino uno sólo. No hay Objeto; somos lo percibido; y lo que "somos" cuando percibimos nada es sino el estado de percepción sin sujeto. La percepción, la copresencia sujeto-objeto, es irreal. Todo "lo somos", no "lo percibimos". Macedonio es un defensor del panpsiquismo. Ve como irrisoria la posibilidad dualista, de que un "mundo", el de la percepción, se vea afectado por otro "mundo", el de las cosas percibidas. El esse est percipi cobra en Macedonio un nuevo sentido, ya que, en definitiva, si la Materia impresionara a la sensibilidad, la impresión misma no sería nada, al no poder ser ni un estado psíquico ni algo material. Frente a este problema, Macedonio insiste que los fenómenos no son sólo lo primero sino lo único, que "todo es lo que parece" y que el mundo es un "todo almático". Los estados psíquicos no ocurren "en" la sensibilidad, sino que "son" la misma sensibilidad.
    A este conglomerado de ideas, Macedonio lo llamó "Metafísica de la Afección" u "Ostensibilismo inexistencialista". Conviene desvelar esta última denominación. "Ostensibilismo" porque su Filosofía niega la Realidad más allá del fenómeno, porque afirma que todo es lo que parece; "Inexistencialista", porque concluye por negar toda existencia trascendente. Esto se ve cuando escribe, hacia 1944: "Esto es verde; pero el verde no es; el verde, un verde, este verde, son una lechuga (...) La existencia no existe. O sea: verde = verde, pero no verde = verde + ser-verde (...) En la planta está el verde y por lo mismo la planta está en lo verde; en mi boca está el amargo y mi boca está en esa cosa amarga. Pero ni verde ni amargo son. (...) no hay franja psicológica privativa y constante de ser o existencia para nada. Puedo decir: me gusta este sabor (que es) acre; el sabor puede ser acre, pero no puede ser."
 
He intentado, nada más, exponer mínimamente lo central de la Filosofía de Macedonio Fernández. Ante ésta se puede tener respeto o bien puede parecer un delirio. No se olvide que tanto una como otra cosa pueden ser la filosofía. En lo personal, pienso que Macedonio comete toda una serie de errores garrafales. Pero lo mismo me pasa con muchos otros sistemas filosóficos más mentados. Es que ser un discípulo no quiere decir aceptar dogmáticamente todo lo que el maestro expone o piensa. Y yo creo que hasta de nuestros enemigos se puede aprender siempre algo.  

La idea de América

Eliseo Rabadán Fernández, filósofo español doctor por la Universidad de Oviedo, anda en estos días intentando remontar un grupo de discusión, IberoAmericanosUnidos, que nació en 2005 y que no ha tenido aún mucho eco en sus potenciales participantes. Cuando me enteré de la propuesta me pareció no sólo interesante, sino además necesaria. La propuesta es, fundamentalmente, pensar  la realidad iberoamericana, compartir noticias, costumbres, etc., buscando la integración de realidades diversas que ya se encuentran sustancialmente vinculadas por la lengua y por la historia.
    Me ha parecido necesaria porque los americanos solemos ignorar rotundamente América. Es algo, me parece, catastrófico que no se remeda por la vía del indigenismo, como si América fuera la América precolombina, clara actitud de retroceso histórico que sólo es posible postular cuando no se ve con claridad ni siquiera todo lo confuso que hay en este asunto. "Ignorar" no lo he utilizado en su carga intelectual, como opuesto a "saber" o a "conocer", sino en el sentido de ese estupendo verbo que impuso hace ya un tiempo Octavio Paz, ignorar como "ningunear", como no hacer ni el caso de que no nos interesa, hacerla "ninguna". Los americanos ninguneamos nuestra América. Y la actitud contraria al ninguneo debe comenzar por la pregunta: "¿Qué es América?", es decir, reconocer la propia América como un problema filosófico, algo a lo que este grupo de discusión no invita, y en seguida voy a decir por qué, pero bien ofrece un espacio en el que podemos plantearla y responderla.
    He dicho que este grupo de discusión no invita a responder la pregunta por el ser de América porque ya da por sabida su respuesta. América es parte formal de la Comunidad Hispánica (Gustavo Bueno, España y América). Siempre será necesario aclarar que la América a la que se refiere Bueno es la América del Sur, parte integral de la América a secas. Ahora queda al desnudo el adjetivo que nos compete, "iberoamericanos". En el mismo texto expresa Bueno: Las naciones americanas, sin perjuicio de su nacionalismo, pueden concebirse como formando parte de un mismo tronco cuyas raíces son tanto hispánicas como indígenas. Y este es el quid de la cuestion, reconocer que nuestros orígenes no son ni exclusivamente indígenas ni exclusivamente hispánicos, sino un complemento de ambos. Esta es la postura profesada por el Proyecto Filosofía en Español, por el Materialismo Filosófico (cuyo fundador es Gustavo Bueno) al que adhiere y con el que colabora el amigo Rabadán Fernández. La invitación no es para resolver lo que sea América, sino para consolidar una concepción de América.
    No obstante, resulta un deber filosófico preguntarse por el ser de América. Si bien no para refutarla, para aceptar por nosotros mismos si esta concepción es la que mejor cuadra con nuestra realidad; Y la realidad de América es la de los mismos americanos que, distraídos con cosas más livianas, la ninguneamos.

Discusión epistemológica

A quien pueda interesarle le comunico que estoy participando de una discusión en los foros del grupo Epistemología y Filosofía sobre la posibilidad de la descripción objetiva de la realidad. Para acceder a ella, basta con hacer click aquí. Serían interesantes nuevos aportes.
 
Santiago

El Islam, ese peligro

La serie de protestas que los musulmanes han estado efectuando este último tiempo en Europa no han cobrado en Argentina aún la dimensión que merecen. Suele ser una costumbre típica de nuestro sufrido país: pensar que la geografía es un elemento fundamental para que nada nos afecte. Ante sucesos tan graves como el 11-S y el 11-M, el argentino medio piensa que nada tienen que ver con él. Con esto nos exponemos a que nos ocurra como a aquél público ingenuo del circo que nos cuenta Kierkegaard, que pereció en medio de su incendio creyendo que se trataba de un chiste, cuando el dueño del circo mandó al payaso para avisar sobre el peligro que corría. 
    Así los argentinos vemos o creemos que vemos las cosas, como si nada ocurriera más allá de la pantalla, como si las muertes en medio oriente se trataran de una película. Ojalá fuera solamente una costumbre que se adopta exclusivamente con lo externo.
    No nos estamos dando cuenta de lo que está pasando. Y lo que está pasando es que el Islam, en guerra con Occidente desde el 632, ha vuelto a enardecerse contra todo lo que sea occidental. No los terminamos de entender; esto queda a la luz cuando se enarbolan principios para ellos abstractos como son el de la tolerancia, el pacto de las civilizaciones, la libertad de expresión, los derechos humanos, la libertad de culto. Ellos están en guerra. No sólo contra EE.UU., Francia o Dinamarca. Están en guerra contra el mundo occidental, una guerra que no acaba en el sentimiento de ofensa por las caricaturas de Mahoma, y que se prolonga hasta la recuperación de los territorios perdidos, la divulgación del Islam, el fundamentalismo ciego y fanático de sus supersticiones. Ellos están en plena yihad; los gobiernos occidentanles, papando moscas.
    Para ellos, Occidente es tierra de infieles (harb). Somos los impíos, los que corrompemos la tierra; como tales merecemos el castigo, la muerte sin piedad (Corán, La mesa servida, 5:32).  Los infieles somos los enemigos declarados del Islam (Corán, Las Mujeres, 4:12); los infieles somos los que hemos inventado la mentira contra Alá (La mesa servida, 5:103). Ellos están obligados a ir a la guerra: Si no vas a la guerra, os infligirá un doloroso castigo. Hará que otro pueblo os sustituya, sin que podáis causarle daño. Alá es omnipotente (El arrepentimiento, 9:39). Ya decía el Ayatollah Jomeini en sus Principios...: La gerra santa significa la conquista de los territorios no musulmanes (...). Es deber de todo hombre mayor de edad y útil acudir voluntario a esta guerra de conquista en la que la meta final no es otra que la de extender la ley coránica de un extremo a otro de la tierra. "Conquista" no significa tampoco lo mismo para ellos que para nosotros. Para ellos, "conquista" es "recuperación", porque es Alá el creador del cielo y la tierra. Alá es el fin de todo, y a él le serán devueltas (La Familia de Imram, 3:109).
    Me temo que esta situación se agravará notablemente con el tiempo, y será un acto de inteligencia estar atentos. Estar atento significa también no ser un estúpido. Porque si no aplicamos nuevos parámetros de interpretación, exigiéndola en nuestros gobernantes, si no respondemos con guerra, acabarán imponiéndonos su religión. Entonces las mujeres serán impuras mientras menstrúen, todos tendremos nuestro propio kisme y la justicia será la del Corán. Para ellos, todo Estado laico es un Estado ateo que debe ser combatido. Ellos no tuvieron Revolución Francesa. No podemos seguir entendiéndolos desde una pánfila pretensión de paz; para ellos la paz llega cuando no hay más cultura que la suya. Para ellos la paz es nuestro sometimiento.
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Updated 5/17/2008
Updated 3/15/2006
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Updated 2/9/2006
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Updated 2/27/2006